HACIA LA EXCELENCIA

Para hacer estupideces, decidí mejor no hacer nada. Es mejor hacer algo bien, cualquier cosa, que mediocremente lo que se supone que es bueno.
.
Alejandro Aravena, 2012

Según un dicho antiguo, Jesús dijo que él era capaz de resucitar a los muertos pero incapaz de curar la estupidez. Quizás la estupidez viene, como dice Aravena, de ese hacer las cosas porque hay que hacerlas, sin convicción, para esquivar el aburrimiento o para seguir la corriente de lo que se espera de nosotros.

En el ámbito de nuestras propias tareas, la valoración de mediocridad o excelencia debería depender en primer lugar de nuestros criterios y no de patrones estándar externos. Ni Cezanne, ni Van Gogh, ni otros muchos artistas hubieran pintado lo que pintaron si se hubieran guiado por esos patrones. Por no hablar de científicos como Galileo Galilei o Charles Darwin, sin las aportaciones de los cuales no entenderíamos ahora nuestro mundo.

Lo que tienen en común estos artistas y científicos es que no dejaron de investigar y trabajar a pesar del rechazo social. Siguieron contracorriente porque creían en sí mismos y en el valor de lo hacían.

Tanto dejarnos llevar por la inercia como el hacer algo distinto por el simple hecho de ser diferente, sin criterio ni convicción ni objetivo, nos puede llevar a caer en la cuenta demasiado tarde de que no hemos hecho más que estupideces.